Cuando la conocés, es la reina malvada de un mundo muy distinto al de tu mamá. Tu novia, que viene con una familia que le da identidad, incorporará a tu vida todos los hábitos que trae de su mamá: pondrá la azucarera en el mismo lugar de la alacena, organizará su toilette igual. Te llegarán hábitos de comida desconocidos: si tiene ascendencia alemana, algún apfelstrudel; y si sus ancestros son de Medio Oriente, paulatinamente cambiarás el bife con ensalada de tu mamá por unas extrañas sopas blancas de sombreritos o un tabbule en medio de tus asados. Cuando te des cuenta, te quejarás de que tu mujer puso a su madre y relegó a la tuya.
En los primeros años, cuando vaya a tu casa, hará frecuentes aportes a la crianza de los chicos, siempre contradiciendo tus ideas. Los va a mimar de más o los va a retar de más. Y no podrás hacer nada.
Un día descubrís que has estado más tiempo vinculado con ella que con tu mamá. Que te consiente con ciertas comidas -las que siempre hizo, sólo que ahora te gustan-; que te apoya en tus iniciativas (locas y cuerdas) y que en las diferencias conyugales se pone más bien de tu lado, al punto que tu mujer puede llegar a acusarte de haberle robado la madre. En realidad es una victoria pírrica de una larga batalla contra esa reina -que no era malvada- y que cambió tu mundo sin que te dieras cuenta.
En los primeros años, cuando vaya a tu casa, hará frecuentes aportes a la crianza de los chicos, siempre contradiciendo tus ideas. Los va a mimar de más o los va a retar de más. Y no podrás hacer nada.
Un día descubrís que has estado más tiempo vinculado con ella que con tu mamá. Que te consiente con ciertas comidas -las que siempre hizo, sólo que ahora te gustan-; que te apoya en tus iniciativas (locas y cuerdas) y que en las diferencias conyugales se pone más bien de tu lado, al punto que tu mujer puede llegar a acusarte de haberle robado la madre. En realidad es una victoria pírrica de una larga batalla contra esa reina -que no era malvada- y que cambió tu mundo sin que te dieras cuenta.